
El aroma a tacos recién hechos y el eco de martillazos en obras inconclusas comparten una misma preocupación: la escasez de trabajadores hispanos, impulsada por deportaciones y retrasos en las visas H-2B, está debilitando el pulso de negocios fundamentales para la economía local.
Restaurantes, constructoras y hoteles sectores que tradicionalmente dependen de la mano de obra inmigrante enfrentan una crisis silenciosa que se traduce en puertas cerradas y proyectos estancados.
La presidenta de la Cámara de Comercio México-Americana del estado de Florida, Alma Aguilar, dueña de un restaurante de comida mexicana, vive esta realidad con intensidad: “Ya tuvimos que cerrar un día a la semana… mi hija, mi esposo y yo nos turnamos para cocinar, meserear y lavar platos”, explicó.
La raíz del problema se divide en dos frentes: la intensificación de las deportaciones bajo la administración Trump y los prolongados tiempos de espera para las visas H-2B, que permiten a los empresarios contratar personal extranjero para trabajos no agrícolas.
Aunque se conceden 66,000 de estas visas al año, los procesos burocráticos se han convertido en una barrera para negocios que ya están al límite. Aguilar asegura que ha intentado contratar personal local, pero la falta de disponibilidad en días clave como los domingos o la ausencia de documentos legales válidos han dificultado aún más encontrar reemplazos.
“Hemos puesto suficientes anuncios locales, pero la mayoría no pueden trabajar o no tienen los papeles”, expresó. La situación es similar en el sector de la construcción.
George Carrillo, presidente del Consejo Hispano de Construcción y propietario de una empresa constructora, describe un panorama preocupante: “El 85% de las compañías no tiene suficientes trabajadores… nos está dando muchos delays”.

La escasez de personal calificado está retrasando proyectos y obligando a empleados actuales a extender sus jornadas. La consecuencia directa: pequeñas empresas en todo el país consideran cerrar sus puertas.
La imposibilidad de sostener operaciones sin el recurso humano necesario está llevando a muchos empresarios a repensar su continuidad, especialmente quienes dependen casi en su totalidad de trabajadores temporales con visas H-2B.
Desde hoy, cientos de negocios hispanos deben adaptarse a operar con plantillas reducidas, asumir múltiples funciones familiares o limitar sus horarios, mientras esperan que el sistema migratorio responda a una necesidad urgente que va más allá de la política: la estabilidad laboral y económica de una comunidad trabajadora que sostiene parte fundamental del motor productivo estadounidense.
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